No olvide darle clic donde dice: continuar leyendo
Esperamos sus comentarios
Eutanasia:
La Biblia no menciona específicamente la eutanasia, pero sí menciona
temas relacionados a esta. La eutanasia es conocida por diferentes
términos tales como: suicidio asistido, muerte misericordiosa, etc. En
sí, es el acto de asistir a alguien en su propia muerte y que se
encuentra terminalmente enfermo, en sufrimiento y en gran dolor. El
objetivo del suicidio asistido es prevenir la continuidad del dolor.
La Biblia dice que no debemos matar (Éxodo 20:13: "No matarás."). El
homicidio es la forma ilegal de quitarle a alguien la vida y matar es,
quitar, de forma ilegal la vida de alguien. Hablando técnicamente, si
una nación dice que la eutanasia es legal, entonces, a nivel humano no
sería asesinato. Pero como las sociedades con frecuencia legislan temas
morales en contra vía de la Biblia, solo por el hecho de que una
sociedad diga que la eutanasia es buena, no significa que esta lo sea.
Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres (Hechos 5:29:
“Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a
Dios antes que a los hombres.”)
Somos hechos a la imagen de Dios (Gn 1:26), y es el Señor quien nos
da la vida (Job 33:4: “El espíritu de Dios me hizo, Y el soplo del
Omnipotente me dio vida.”) y es Él quien ha determinado nuestros días
(Job 14:5: “Ciertamente sus días están determinados, Y el número de sus
meses está cerca de ti; Le pusiste límites, de los cuales no pasará.”).
Esto significa que Dios es Señor soberano y es quien determina el día
que moriremos. Por lo tanto, no debemos usurpar la autoridad de Dios.
Legítima
defensa:
2263 La legítima defensa de las personas y
las sociedades no es una excepción a la prohibición de la muerte del inocente
que constituye el homicidio voluntario. “La acción de defenderse [...] puede
entrañar un doble efecto: el uno es la conservación de la propia vida; el otro,
la muerte del agresor” (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2, q.
64, a. 7). “Nada impide que un solo acto tenga dos efectos, de los que uno sólo
es querido, sin embargo el otro está más allá de la intención” (Santo Tomás de
Aquino, Summa theologiae, 2-2, q. 64, a. 7).
2264 El amor a sí mismo constituye un
principio fundamental de la moralidad. Es, por tanto, legítimo hacer respetar
el propio derecho a la vida. El que defiende su vida no es culpable de
homicidio, incluso cuando se ve obligado a asestar a su agresor un golpe
mortal:
«Si para defenderse se ejerce una violencia mayor
que la necesaria, se trataría de una acción ilícita. Pero si se rechaza la
violencia en forma mesurada, la acción sería lícita [...] y no es necesario
para la salvación que se omita este acto de protección mesurada a fin de evitar
matar al otro, pues es mayor la obligación que se tiene de velar por la propia
vida que por la de otro» (Santo Tomás de Aquino, Summa theologiae, 2-2,
q. 64, a. 7).
2265 La legítima defensa puede ser no
solamente un derecho, sino un deber grave, para el que es responsable de la
vida de otro. La defensa del bien común exige colocar al agresor en la
situación de no poder causar prejuicio. Por este motivo, los que tienen
autoridad legítima tienen también el derecho de rechazar, incluso con el uso de
las armas, a los agresores de la sociedad civil confiada a su responsabilidad.
Pena de muerte:
El
concepto de pena tiene su origen en el término
latino poena y
hace referencia al castigo
que es establecido por un juez o un tribunal de acuerdo a lo estipulado por la ley, y que tiene como
fin sancionar a aquel
que haya cometido un delito o una falta.
La
pena de muerte
o pena capital
se enmarca dentro de las penas
corporales, ya que el castigo tiene un efecto directo sobre el
cuerpo del sancionado. Como su nombre lo indica, la pena de muerte consiste en quitar la vida de la persona
que, de acuerdo al juez, es considerada culpable de una falta grave.
Podría
decirse que la pena de muerte tiene sus orígenes con la Ley del Talión (“ojo por ojo, diente por diente”),
que es recogida en el Código
de Hammurabi en el siglo
XVII a.C. De todas maneras, muchas personalidades a lo largo de
la historia han apoyado o justificaron este tipo de pena, como Platón,
Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, Jean-Jacques
Rousseau, Immanuel Kant y Georg
Wilhelm Friedrich Hegel.
Sin embargo, en la actualidad, la mayoría de los países han abolido la pena de
muerte por considerarla un método bárbaro y que atenta contra la dignidad y los
derechos humanos. Hay quienes la cuestionan desde un punto de vista práctico
(los jueces que condenan a muerte son humanos, por lo que se pueden equivocar y
culpar a un inocente) y otros tienen en cuenta factores filosóficos o
religiosos, sólo Dios puede dar o quitar la vida.
Drogas y alcoholismo:
La adicción a
las drogas es una dependencia obsesiva a una droga legal o ilegal. Las drogas
pueden incluir medicación prescrita, drogas ilegales y alcohol. Aunque un
adicto puede usar más de una droga, usualmente esta persona tiene una “droga de
preferencia”: su adicción más fuerte a vencer.
Un adicto puede ser dependiente, ya sea emocional, física o fisiológicamente, dependiendo de las drogas usadas. Sus intensos deseos le conducen a echar mano a cualquier medio para obtener la droga. Satisfacer su deseo se convierte en la mayor prioridad del adicto, incluso al costo de perder todo aquello que alguna vez fue importante: empleo, hogar, amigos y familia.
El
alcoholismo es una enfermedad crónica muy grave. Para la OMS (Organización
Mundial de la Salud) "son alcohólicos aquellos bebedores excesivos cuya
dependencia al alcohol ha alcanzado tal
que da lugar a trastornos psíquicos, a
complicaciones corporales y/o conflictos en sus relaciones interpersonales y
sus funciones sociales". Es una enfermedad muy extendida en nuestra
sociedad,
que beber alcohol está socialmente bien
visto, y muchas familias se ven afectadas por este
, sin saber cómo hacerle frente ni a quién dirigirse.
|
"Te creo" significa: me fío de ti, estoy convencido de que dices la verdad. "Creo en lo que tú dices" significa: estoy convencido de que el contenido de tus palabras corresponde a la realidad objetiva.
"En este uso común de la palabra "creo" se ponen de relieve algunos elementos esenciales. "Creer" significa aceptar y reconocer como verdadero y correspondiente a la realidad el contenido de lo que se dice, esto es, de las palabras de otra persona (o incluso de más personas), en virtud de su credibilidad (o de la de ellas). Esta credibilidad decide, en un caso dado, sobre la autoridad especial de la persona: la autoridad de la verdad. Así, pues, al decir "creo", expresamos simultáneamente una doble referencia: a la persona y a la verdad; a la verdad, en consideración de la persona que tiene particulares títulos de credibilidad."
(Juan Pablo II, 13- III -85)
Los principios en el corazón de la enseñanza de la Iglesia son:
Políticas
está en cómo protege la vida humana, promueve la dignidad y respeta los derechos humanos. Este principio es el fundamento de la enseñanza de la Iglesia sobre la guerras, la paz y la vida social.Uno de los desafíos más grandes que enfrentamos en este mundo de posguerra fría es el de promover y fortalecer la paz. La pacificación exige construir estructuras de paz, no solamente proclamar ideales pacíficos. La paz real trae consigo la posibilidad de desarrollo, y el desarrollo a su vez fortalece la paz.
Cargando…